jueves, 19 de abril de 2018

HOSTERIA LA BARQUITA - Delta Tigre

Bienvenidos a una nueva travesía literaria!
Hoy continuaremos con el relevamiento de nuevos destinos, realizado durante el finde extra largo de Semana Santa.

Partiremos desde la confluencia del Canal Gobernador Arana y Barca Grande, ya que en la nota anterior, describimos como llegar hasta aquí y rumbearemos hacia el SE hasta el destacamento de Policia de Islas, unas 2,5 Millas náuticas, río abajo. Sobre estribor, aparece la boca del Arroyo La Barquita, a la que deberán ingresar lejos de la costa que les quede a babor pues, es una zona de tocones , ramas, etc., que no siempre se dejan ver.


Esta vía navegable desemboca en el Río de la Plata, frente a la Isla Sofia (la más occidental del archipiélago que conforma, conjuntamente con la Solís y Oyarvide). Posee una extensión de 13 kms, unos 120 mts. de ancho promedio y muy buena profundidad. A tan solo tres kilómetros de su nacimiento, sobre la margen derecha se encuentra la Hostería La Barquita - Camping y turismo, fácilmente ubicable por su amplio deck y el velero de dos palos "Augusta", allí amarrado.

Apenas nos acercamos, enseguida vinieron a nuestro encuentro Alfredo (padre), Lucia (hija) y Juan (marido de Lucia) para ayudarnos a amarrar y darnos la bienvenida. Trataremos de obviar el calificativo "Complejo", ya que ellos prefieren ofrecer el lugar como su casa... tu casa.
La hostería cuenta con cuatro habitaciones triples con baño privado y desayunador, que ocasionalmente pueden ampliarse hasta para 4 personas cada una. 


En el mismo paquete ofrecen pensión completa (desayuno, almuerzo y cena), ropa blanca y el uso libre de los kayaks. Bajo la sombra de centenarias palmeras, en un amplísimo parque, los visitantes pueden descansar, almorzar, leer, tomar mate... y hasta echarse a los brazos de Morfeo sin preocupación alguna.


La casa, de origen Canadiense, fue construida en el año 1904 y reciclada en su totalidad. Cuentan sus dueños que, a los pocos años de construida, debido a las reiteradas inundaciones en la zona, la totalidad de la casa construida fue elevada un metro más, con ayuda de gusanos y vigas (especie de criques) un metro más, a la altura que actualmente se encuentra
Dentro de las 17 hectáreas, el camping, ubicado en la zona norte del predio, arroyo de por medio, cuenta con una gran cantidad de parcelas con mesas, bancos y luz; baños, duchas y un elevado deck que sirve de alojamiento de carpas en el excepcional caso de sudestada.

La familia apunta a un público respetuoso del entorno, con intenciones de pasarla bien, descansar y  recargar pilas; que puede llegar a través de la lancha colectiva de la línea León, en bote (desde los distintos clubes de remo) o en barcos. Cabe aclarar que son pocas las amarras y que ellas no cuentan con luz eléctrica para las embarcaciones. Por lo antedicho, y dado que solo abren sus puertas los fines de semana y con reservas, es que les dejamos a continuación como contactarse:
Lucia: +54 9 11 6797-8273 y Alfredo: +54 9 11 4097-9938; en facebook Hostería la Barquita Delta Tigre


Creo que si se quieren desenchufar de verdad, sobre todo un finde XL, donde todos los otros destinos explotan de gente y embarcaciones... este puede ser uno de los tantos destinos alternativos a los cuales, tanto empeño le ponemos en detectar, averiguar, visitar y compartir.

Esto es todo por ahora. Gracias por acompañarnos en otra travesía. Buenas singladuras!

lunes, 9 de abril de 2018

PARADOR LOS PALMARES DE LA BARCA

Huoola Tripulación!

Es un placer tenerlos nuevamente a bordo para compartir información del delta del Paraná.
En esta oportunidad les contaremos del descubrimiento, aunque se encuentran operativos desde 2014, de un parador ideal para amantes de la naturaleza, de los pájaros y del silencio. Para remeros y Kayakistas, para pescadores y acampantes, para lancheros y barqueros que les atraiga un entorno agreste y cordial.


Ubicado sobre la margen izquierda del Barca Grande, a una dos millas náuticas del Paraná Guazú, frente a la punta Norte de la isla (también propiedad del parador), se encuentra el muelle y las amarras de Los Palmares de la Barca.
También se puede llegar a través del Miní y el Canal Gobernador Arana, hasta el Barca Grande, y allí remontar unas cuatro millas para arribar. Para atracar les conviene llegar desde abajo, unos ciento cincuenta metros antes de la isla, caer cercanos a la costa que les queda a estribor hasta ingresar al paso, que navegarán por el centro, Si van desde arriba, lleguen a la punta Norte de la isla y entren recostados por ahí hasta el muelle, es ahí donde se encuentra la mayor profundidad. Profundidad que supera el metro cincuenta con 0,70 mts en el Puerto de San Fernando.

Este predio de 70 hectáreas se encuentra entonces en la tercera sección del Delta y es cuidado y atendido por sus dueños: Gladys y Cejas (muy conocido en la zona, pues vive allí desde que nació).
Cuentan con un mono ambiente con capacidad para 8 personas, amplio parque con mesas, sillas y sombrillas, para acampar o tomar sol. Extensa costa, ideal para pesca o atracar.


También tienen parrillas y un amplio quincho, con todos los utensilios, como para que se cocinen ustedes mismos lo que lleven, si así lo desean Cejas les proveerá de leña; o pueden contratar el servicio de cocina (minutas y asado) siempre que lo hagan con anticipación, al reservar.

Lo bronco de la zona, hace que no haya energía eléctrica y que tengan que manejarse con paneles solares, baterías y/o grupo electrógeno. Les aseguro que es todo una experiencia, es nuestro "Cabo Polonio" de río. Los dueños aseguran luz hasta las 00:00 hs.
Se puede llegar en lancha colectiva desde Tigre (zarpa 8:00 hs y llega 11/11:30 hs. al parador; y regresa a las 14:00 hs. para llegar a Tigre a las 17 hs.) 


El Barca Grande es un río de buena profundidad, apto para deportes náuticos, de poco tráfico y de zona de amarre protegido de los vientos por la isla. Y que decir de la atención de Gladys y Cejas... ESPECTACULAR! ahhh les recomiendo las empanadas fritas!!!

Pueden contactarse con ellos vía facebook o bien por whatsapp al +54 9 11 3574-4813

Espero se acerquen y nos comenten como les fue en esta experiencia religiosa! Amigos, gracias por acompañarnos en otra travesía más. Hasta pronto y buenas singladuras!

lunes, 19 de marzo de 2018

ABORDADOS POR UN MERCANTE


¿Se imagina ser embestido en la mitad de la noche por un mercante? El hecho tuvo lugar hace sólo unos meses al sur-oeste de Cádiz y pone de manifiesto la peligrosidad e impunidad de la navegación comercial. Material aportado por G. Gonzalez Piedras para ENDT.


Navegábamos a buena velocidad con 20 nudos de viento por el través de babor que hacían volar a nuestro Formosa 41 a 7 nudos, ávido por alcanzar la Península Ibérica tras un mes y medio de tediosa navegación transatlántica durante la cual tuvimos que lidiar con 3 temporales, olas amenazantes y una mar embravecida de fuerza 9 que nos mantuvo en mitad del Atlántico escondidos bajo cubierta durante más de 6 días seguidos.

Ya sólo nos faltaba una jornada de navegación para alcanzar las costas españolas y poner punto final a una aventura de 6 meses, en la que descubrimos infinitos rincones de exuberante belleza a lo largo de todo el Caribe.

Por fin llegábamos a España y hasta nuestro velero parecía alegrarse de ello. Incluso los Dioses nos regalaban un viento perfecto para nuestro último día de navegación, tras 44 jornadas de tediosas ceñidas y vientos de morros. Aunque ya oscurecía, decidimos mantener todas las velas y recortar millas a buen ritmo.


Marcos como buen capitán, charlaba en silencio con su Formosa y para esa noche le pidió avanzar con todo el velamen arriba, a punto de tomar un rizo que sin duda el velero solicitaba. Las ganas de alcanzar las costas españolas le decidieron a mantener la mayor izada y toda la genoa desenrollada, al límite de trapo. El velero realizaba una bella singladura dejando tras de sí una estela perfecta trazada con tiralíneas sobre el océano rumbo a la bahía de Cádiz.

Baldo se encontraba de guardia a eso de la una de la mañana mientras Marcos y su mascota “Alf” descansaban a pierna suelta en la litera del camarote de proa. A la una y media de la mañana y tras otear de nuevo el negro horizonte, Baldo bajó a preparar una cafetera y a despertar a Marcos a quien le tocarían las siguientes 3 horas de guardia.


Horror instantáneo

Navegábamos en un Atlántico solitario arropados por la oscuridad de la noche. De repente y sin más, se desata la debacle…
Un ronco y terrible crujido nos lanza por los aires mientras vemos horrorizados como una caudalosa y oscura vía de agua brota a borbotones entre la unión del casco y la cubierta inundándolo todo. El velero se ha escorado brutalmente sobre su costado de estribor y ahora da un golpe de péndulo, mientras intentamos agarrarnos y entender lo que nos está ocurriendo. El Formosa se queja herido de muerte mientras se esfuerza con nobleza en buscar el adrizamiento.
Los dos primeros segundos son de total confusión y desconcierto. ¿Qué pasa? No entendemos nada. ¡Joder hemos chocado con algo enorme! El agua sigue entrando a chorros mientras intentas dejar de alucinar y piensas… “Esto no me puede estar pasando. No puede ser. ¿Pero qué ocurre?”
La fría temperatura del agua y la intensidad del momento no dejan lugar a dudas. No es una pesadilla. Es algo real y está ocurriendo aquí y ahora… ¡Nos estamos hundiendo a toda leche!
Baldo sale a la bañera y oigo gritar... ¡¡¡un barco, un barcoooo!!!! Salgo al exterior de un salto y veo desfilar lentamente como a cámara lenta aquella enorme mole oscura de un millón de metros de longitud que se desliza a tres palmos de nuestra amura, durante varias decenas de segundos eternamente lentos.

Nuestro velero navegaba hacia su costado constantemente pero la ola del mercante no dejaba que se volvieran a tocar. Durante los constantes acercamientos al mastodonte de acero, la ola de choque nos embarcó toneladas de agua sobre la bañera.

No han pasado ni dos minutos y emitimos un “May-Day” por el “16” de nuestra VHF, dirigido al mercante asesino. No recibimos respuesta alguna. Repetimos una y otra vez el mensaje de emergencia pero la radio quedó muda. Parece claro que nos vamos a pique pues la vía de agua es muy importante y el interior se está inundando sin remedio. Rápidamente nos pusimos a desalojar el agua con todo lo que teníamos a mano.
Salimos a fuera a evaluar los daños del casco y vimos toda la jarcia suelta, como si los cables fueran drizas flojas. Fui al pie de mástil para bajar la mayor y comprobé con gran estupor como el palo se mantenía de pie aguantado solo por la fogonadura de cubierta. El velero daba muchos tumbos por el oleaje y temía horrorizado que el palo me pudiera caer encima. Para colmo, el carril de la mayor estaba bloqueado y no había manera de bajar la vela. Me costó 20 minutos de esfuerzos y mucha tensión.
Arrancamos la bomba de achique. El agua lo inundaba todo. El nivel ya llegaba a la mitad de altura del motor diesel y las bombas trabajaban a toda pastilla. El panel de electrónica, la radio Blu, el radar, el AIS y demás instrumentos se habían echado a perder. Todas las pertenencias estaban empapadas y los armarios inferiores sencillamente estaban desaparecidos bajo 50 centímetros de agua.
Cortamos como pudimos los tubos de aspiración de refrigeración del motor para que este chupara el agua del salón inundado. Retirábamos agua con cubos sin parar. Fruto de tan arduo trabajo, al cabo de media hora teníamos la sentina casi seca mientras el barco navegaba asustado y a toda máquina hacia las costas más cercanas de Portugal.
El agua había chorreado por toda la electrónica y por ello navegábamos a compás y sin piloto automático, mientras vimos aparecer los destellos del faro de Portimao. La avería estaba contenida con trapos apretujados entre las resquebrajadas maderas del boquete. El Formosa navegaba ahora con una fuerte escora y sin apenas jarcia fija capaz de sujetar el palo. Enrollamos el Génova y cogimos las burdas y las drizas de spi y trinqueta, para afianzar el conjunto lo mejor que pudimos.
Finalmente dejamos aparejado el barco con mesana arriba y motor a toda pastilla rumbo hacia las costas portuguesas. Alf, nuestra pequeña mascota percibía la tensión del momento y nos ayudaba sin un solo ladrido, sereno infundiéndonos tranquilidad. Estábamos desolados navegando sin cambiar palabra y con el ruido del motor como único sonido de fondo. Sentados en la cama de estribor contemplábamos como el agua entraba sin remedio por la banda de babor mientras que los kilos de agua salada aportados a la sentina eran evacuados por los achiques improvisados con el motor y la bomba eléctrica.

Durante toda la travesía por el Caribe el arranque del motor diesel resultó tedioso, y cada día al intentar arrancar, nos veíamos obligados a contactar el relé de arranque a mano, mientras le dábamos martillazos al motor de arranque y simultáneamente el otro le daba a la llave de contacto. A menudo eran necesarios varios intentos hasta conseguir poner el motor en marcha. Sin embargo, cuando tras el accidente intentamos arrancar el motor, éste respondió impecable al primer toque. Nuestro velero entendía que la situación no daba margen para hacerse rogar. ¿Había “tensa energía” en el ambiente, o bien el espíritu de nuestro Formosa se percató de la crítica situación?… Lo cierto es que el motor contra todo pronóstico respondió al instante.
Empezaba a amanecer y con el sol llegó la esperanza de alcanzar tierra sin hundirnos. Nos invadía la alegría, al ser conscientes de lo cerca que estuvimos de una tragedia total. El pronóstico para el día siguiente era de calma chicha y así pudimos alcanzar Puerto América en la bahía de Cádiz en donde pudimos descansar con la felicidad de haber vuelto a nacer.

Unas semanas después el Formosa fue desmontado entero para recibir todos los cuidados y atenciones por si en un futuro necesitara embestir rabiosamente contra algún mercante no digno de navegar por los mares del planeta.


Análisis del siniestro

Durante las guardias, cada 25 minutos salíamos a la cubierta a otear el horizonte. En la noche y con velas, el ángulo muerto puede ser muy importante y es seguro que en esa dirección debieron aparecer las luces del mercante, a 10 millas en la lejanía. Pero con los 7 nudos del velero enfrentados a 25 nudos del mercante en direcciones opuestas y rumbos de colisión, bastan pocos minutos para un encuentro letal.

La falta de amperios en el parque de baterías nos obligaron los últimos días a navegar con el radar apagado. Un error terrible, pues el radar nos hubiera "cantado" el mercante sin la menor duda.
Nunca hemos llegado a saber el mercante que transitaba en aquellas aguas, a pesar de las oportunas reclamaciones. Podemos llegar a entender que el oficial de guardia descansara somnoliento en el puente de mando y no estuviera atento a la pantalla de su potente radar. Pero el impacto fue ciertamente sonoro y es inadmisible que tras el brutal abordaje ni siquiera contestaran a la llamada de “May-Day”.
En el momento del choque navegábamos con las luces de navegación encendidas, llevábamos un reflector de radar de tipo tubo en el tope del palo y uno de placas de tipo romboide en la cruceta. Llevaba incluso encendida la luz de fondeo con un led de alta potencia lumínica que es muy visible incluso a grandes distancias.


¿Por qué no vimos el barco?

Es algo que ni Marcos ni Baldo acaban de entender. Pero parece claro que el mercante debía navegar justo en el ángulo oculto por la genoa. No vimos nada de nada hasta recibir la brutal embestida.

Sólo sé que navegábamos a vela con “preferencia”. Que no estábamos en el canal de navegación. Que no había niebla y que las luces del Formosa se ven sin ambigüedad a gran distancia, pues son muy potentes. La preferencia de un velero frente a un gran barco a motor es un puro mito y no espere que cambien de rumbo. El peligro es de muerte.
El marino que anduviera de guardia en el mercante debía ir dormido o completamente borracho… no le importó un “carajo” el impacto. Es difícil pensar que un radar de un mercante a 30 metros de altura no pueda “ver” un velero de 12 metros de eslora. El choque pudo ser aún más terrible y si en vez de golpear por la amura, nos coge al velero en un rumbo más abierto y atravesado a la proa del mercante, sin duda lo habría partido en dos y pasado por la quilla.

 Criminales en la mar

Ciertamente la mayoría de los barcos mercantes y sus capitanes son auténticos profesionales comprometidos con su trabajo. Pero lo ocurrido a Marcos y Baldo no es un hecho aislado.

En Fondear.com hemos conocido más casos como el de otra pareja de Malagueños que fueron también arrollados, con peor suerte en el Caribe, por un mercante que también se dio “a la fuga”, aunque por fortuna los aventureros del velero lo pudieron contar y salvaron sus vidas. Pero existen otros muchos casos que pasan inadvertidos a la opinión pública, amen de los siniestros que nunca conoceremos por acabar en absoluta tragedia.
Lo más humillante es la impunidad con la que algunos mercantes actúan en alta mar. Pilotos dormidos, o borrachos. Moles de acero con pabellones de conveniencia, con tripulaciones tercermundistas mal formadas y oficiales sin escrúpulos. Equipos de vigilancia en mal estado, radios apagadas o peor aún, mensajes de “May-Day” silenciados y no atendidos por miedo a las responsabilidades civiles o penalizaciones en la póliza de seguro o a la cárcel por negligencia con resultados de tragedia. Es la pura realidad...
Hasta la próxima y buenas travesías !!!

lunes, 26 de febrero de 2018

VITO DUMAS y el ASTILLERO PARODI


No es coincidencia que tales apellidos se hayan reunido a través de la náutica. Por un lado un personaje intuitivo que luego de realizar sus primeras incursiones en 1926 por nuestro delta, con un pequeño velero de 4 metros (el Neptunia), en 1930 viajara a Francia para cruzar a nado el Canal de la Mancha.

Falto de recursos decide emprender otro tipo de empresa, algo de menor envergadura: el cruce del Atlántico!...
Para ello adquiere un antiguo y deteriorado velero de regata que lo llamó LEHG, y que según los entendidos, no era apto para tal travesía.

El 13 de diciembre de 1931 zarpa en solitario, sin experiencia oceánica ni demasiado conocimiento del arte de la navegación, y es recibido posteriormente por una multitud en Buenos Aires. Este personaje es quizá el más grande navegante solitario de todos los tiempos: Vito Dumas.

Luego de un período como campesino decide hacerse nuevamente a la mar y le encarga a Manuel Campos el diseño de un barco capaz de dar la vuelta al mundo.

Es Parodi quien construye al LEHG II, un barco sumamente boyante, fuerte y marino. Tal es así que sorprendido por un fuerte pampero a la altura de Montevideo, el tremendo temporal hizo que su barco diera una vuelta de campana y luego recobrara su posición normal para proseguir con su derrota.
En total, la embarcación nacida del Astillero Parodi, recorrió más de 38.000 millas marinas.


Algo viejo y enfermo, Dumas decide terminar sus días navegando con su familia y amigos, y hasta se da el lujo de correr la regata a Río de Janeiro a bordo del SIRIO II, otro Parodi que aún navega y tiene su amarra en el Club Náutico Mar del Plata.
Vito Dumas, Parodi y los barcos de madera, una simbiosis que hizo historia!...

Hasta aquí llegamos. Nos encontraremos en nuestra próxima recalada para charlar como siempre sobre náutica. Buenas singladuras!!!